miércoles, 3 de octubre de 2007

poesía y autodeterminación

“El espectáculo se ha entremezclado con toda realidad (...) no existe ya nada, ni en la cultura ni en la naturaleza, que no haya sido transformado y contaminado conforme a los medios y los intereses de la industria moderna. Incluso la genética se ha vuelto plenamente accesible a las fuerzas dominantes de la sociedad”

GUY DEBORD. Comentarios sobre la sociedad del espectáculo


    Amar, pensar, luchar: son verbos necesarios, acciones, actos para una gramática de la subversión. Desde el vacío palpable de un movimiento real de crítica, trataremos de buscar -como Platón- la verdad, el bien y la belleza; o no. Tal vez gritemos y gimamos como si los perros de la noche llevaran nuestro nombre entre dientes. Tal vez dejemos, de una vez por todas, de complacernos artísticamente en las formas (espectaculares) y seamos “como condenados que son quemados vivos y hacen signos desde la hoguera” (A. Artaud); pero ojo: no para contentarnos como Narciso en su reflejo o con la aurora de una revolución en soledad y solipsista, sino para aprehender dónde estamos y escapar cuanto antes y por todos los medios de tanta miseria. Para humedecer, en fin, un ansia poético que pueda acabar desbordándose en nuestra relación con l@s otr@s, con los objetos y los fenómenos.

    En este peculiar détournement tal vez nos preguntemos: ¿qué es el hombre? Tal vez nos preguntemos también: ¿qué puedo saber? Y menos, espero, ¿qué debo hacer? (moral), y, nunca, ¿qué cabe esperar? (religión): el pensamiento no puede complacerse tan fácilmente; postergar la necesidad de transformación al futuro “... que ha sido nuestra ilusión toda la vida y que falta todo por hacer” (La estrategia del caracol), y quedar atrapado en la pregunta: ¿qué es posible?

    El nuestro, de tener alguno, no es el papel de profetas. Y si hablamos de revolución no lo hacemos pensando en el porvenir. Lo hacemos, en todo caso, pensando en apearnos, en abandonar el miedo que paraliza para el sabotaje nuestros cuerpos: aquí y ahora; más tarde ya veremos.

    Como Lautreamont, hemos recibido la vida como una herida y hemos prohibido al silencio que cure la cicatriz. Queremos que el creador contemple, en cada hora de su eternidad, la grieta abierta. Es el castigo que le inflingimos; es nuestra lucha.

    “La acción subversiva -dice Aldo Pellegrini: La acción subversiva de la poesía- se manifiesta al ofrecernos la poesía la imagen de un universo en metamorfosis, en oposición al universo rígido que nos imponen las convenciones. La imagen poética en todas sus formas actúa como desintegradora de ese mundo convencional, nos muestra su fragilidad y su artificio, lo sustituye por otro palpitante y viviente que responde al deseo del hombre (...) Pero indudablemente la poesía, al introducirnos en el misterio de lo real, nos descubre una vasta zona de peligro, una región inquietante y turbadora. Muchas veces lo poético [esto es, cuando cad@ un@ de nosotr@s comprende que nuestras vidas yacen presas] toma la forma de un acto de violenta provocación y aparece como antipoético, como negador de la creación”.

    La poesía -tal y como la entendemos-, ahora que la hegemonía del mercado ha colonizado por completo nuestros anhelos y nuestro movimiento, ahora que el régimen democrático-espectacular retrata e informa de un mundo virtual hermoso pero que aniquila la vida en su versión real, no es ni mucho menos un divertimiento o un lujo “pequeño-burgués”, sino una necesidad del mismo calibre que lo es el respirar o el compartir vivencias con espíritus afines. La poesía es al mismo tiempo palanca y resultado (causa y efecto) de una politización radical de la vida.

    Amar, pensar, luchar: pegarle fuego a la realidad entera; está todo por hacer.



    zumbidos@no-log.org

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