jueves, 28 de junio de 2007

casi un poema de f. millán

Un politono japonés aumenta el pecho femenino


Digital+ ofreció días atrás un reportaje titulado «Melón amarillo», que es como bautizó su creador al tono de móvil capaz de alterar la talla de sujetador a las mujeres.

El doctor Hideto Tomabechi, un investigador nipón aficionado al rock, comprobó empíricamente cómo crecía el pecho de las mujeres que escuchaban el timbre de 30 segundos durante 20 veces diarias a lo largo de 10 días. En total, la diferencia de talla oscilaba entre 2 y 3 centímetros.

La explicación es que el cerebro femenino procesa el sonido como el llanto de un bebé, lo que provoca una reacción fisiológica que hace que aumente el pecho.

2 comentarios:

Myrna Minkoff dijo...

?

DANIEL SÁNCHEZ dijo...

Hola, enhorabuena por el blog, acabo de visitarloi ahora.
Me gustaría a ver si podrías incluir en tu blog uno de mis rfelatos más característcios. es una cosa breve:

Acababa de cerrar la puerta. Aquella de madera que carcomía sus lados. El portazo anunciaba que las cosas no iban bien. Mi concentración se mojó con el contacto del agua que bajaba desde arriba. Las gotas resbalan a través de mi cuerpo; llovía copiosamente.
Por mi cabeza sólo caminaba una idea: dejar a Lucía; pero no lo tenía del todo claro. Dudaba, siempre dudaba: decírselo ahora o callar para siempre. Yo la quería: me afirmaba a mí mismo con la cabeza. Mientras, por la calzada circulaban bajo la lluvia intensa coches, muchos coches. Todos siguiendo el mismo criterio. Todos dirigidos por el veredicto de sus limpiaparabrisas: aquellos que se movían de izquierda a derecha. Un movimiento obsesivo que negaba, que me animaba a renunciar a mis pretensiones de dejarla.

Los coches insistían en su empeño. No vacilaban. Se mostraban imperativos. Eran muchos. Eran como un no lo hagas persistente. Las dudas ante tal insistencia me obligaron a replantearme las cosas. La decisión estaba tomada: abandoné. Cerré los ojos y di media vuelta. Caminaba con las manos abrigadas en los bolsillos y con paso indeciso. Antes de abrir la puerta regalé unos segundos a la reflexión:

-Cupido: inventor del limpiaparabrisas- pensé en un acto de lucidez mientras esbozaba una sonrisa contenida.

Lucía seguía siendo mi novia.

http://unpocodecultura.blogspot.com/

Gracias, te invito a que tambien pases por mi blog