domingo, 20 de enero de 2008

¿Por qué en CASPA escribimos sobre la muerte? (una respuesta caótica a Stanley d. Convey)

Dos temperamentos básicos, ante la poesía y ante la vida: el elegíaco y el indagador. (…) El elegíaco, tipicamente, añorará la infancia paradisíaca o el primer amor incomparable; para el indagador, en cambio, cada día puede ser el día, el encuentro decisivo puede producirse siempre, y actuar es hacer milagros. Para el primero, el mundo es el escenario de una progresiva e inexorable oclusión; para el segundo, hay siempre accesos practicables a lo abierto, hay pétalos que caen donde no hay.
Jorge Riechmann

Resistencia de Materiales.

Nota:

Antes de comenzar (o terminar) debo decir que todo lo que sigue nace (o muere) del post –qué poca justicia hace la palabra post en este caso– de Raúl del Sebo ‘El día que Bobby Fischer murió’(CASPA. 19 de enero. 3.35 PM). Todo lo bueno no será más que un reflejo de lo malo de su post, todo lo malo no será más que lo que es; contenido malo).

En principio, y jugando ser Montaigne, podríamos decir que en CASPA escribimos –a veces– sobre la muerte porque no la conocemos, porque nadie que conozcamos la conoce y, por ello, resulta bastante difícil equivocarse. Siguiendo este razonamiento absurdo uno podría decir que los poetas, en general, han escrito siempre sobre la muerte no porque les fascinara excesivamente, sino porque resulta un tema cojonudo para evitar que alguien levante la mano y diga, ‘oiga, usted no tiene ni puñetera idea mire’. Claro que ponte tú a decir esto delante de doce (o los que sean) académicos con un pie aquí y otro en el otro barrio –aunque los académicos, claro, si alguna vez fueron de barrio ya dejaron de serlo hace mucho tiempo– .
¿Por qué se escribe sobre la muerte? Pues, quizá, porque no se esté escribiendo sobre la muerte en absoluto. En esta red que los escritores –si me permiten la palabrota– trazamos en ocasiones (y Raúl del Sebo es un ejemplo extraordinario) queda claro –en los buenos escritores queda claro, por lo menos– que todo forma parte de un entramado complejo difícilmente comprensible a primera vista. La tarea del escritor, del poeta sobre todo, es desligar este entramado –sin miedo a estropearlo, porque eso es imposible– lo suficiente para entenderlo. Y si algo de lo que he dicho ha sido medianamente comprensible se entenderá por qué fascina, entonces, la muerte. La muerte es el único punto en que el entramado se enfrenta a un ovillo ya sin lana. Y aquí surge la paradoja y, si quieren, el problema principal con la escritura (poética): ver el final, entender que no habrá más Bobby Fischer, hace posible escribir sobre la red policromática que giraba sobre un tablero blanco y negro. Es por esta razón que me resistiría, siempre, a incluir al señor del Sebo en uno de los dos grupos (un maestro mío dijo una vez que cualquier división de los seres humanos en dos grupos era, muy probablemente, falsa) que dicta el poeta Riechmann. ¿Podríamos haber ‘indagado’ en las imágenes, las conexiones, el significado de Bobby Fischer sin volver la vista hacia atrás, sin ser necesariamente ‘elegíacos’? Como fan y como discípulo –autoproclamado– me gustaría pensar que Raúl del Sebo es, en sí mismo, una nueva corriente a caballo –o a Audi, mejor- entre los dos temperamentos que existen según Riechmann. También podría decirse que Riechmann se equivoca o que ni siquiera quería decir eso exactamente y que usted, Tricotilomanía, lo ha entendido todo mal. Es posible.
La cuestión es que la muerte nos regala la posibilidad de ver un experimento acabado, porque todos los artistas –y Bobby Fischer era un artista– son experimentos de la Humanidad que busca encontrar su sentido. Un experimento acabado son muchos datos, datos precisos sobre la imprecisión, sobre la soledad –la mayoría de veces– y sobre lo difícil que es sobrevivir como rata de laboratorio, como poeta.

Creo que no he respondido a la pregunta fundamental, esa de por qué en CASPA escribimos sobre la muerte. Por lo menos espero no haberlo hecho.

4 comentarios:

anne Sexton dijo...

Be aware!

Stanley D. Convey dijo...

Jolín, pues muchas gracias.

Anónimo dijo...

Caspa, casposos.

Esto huele.

No veo la crítica por aquí.

Stanley D. Convey dijo...

Espero (urgentemente) una loa a Heath Ledger (si ven que el tema no les da para mucho pueden hacer acopio de fuerzas y darle un homenaje a Brad Renfro también).

No sólo de pan vive el hombre.