miércoles, 14 de noviembre de 2007

CrASH

Hay cosas que me gusta imaginar. Imaginar que al de Bricomanía, en pleno programa, una sierra de calado le rebana el dedo, pintando de rojo bermellón el tablón incluso antes de ponerle el tapaporos. Imaginar que la mascota de Liliana en Pelo Pico Pata se muere de un cáncer que ha metastatizado por todo su pequeño y peludo cuerpo de ratón moteado. Imaginar que la Super Van de Barbie es sólo eso, una Super Van, no un centro comercial desplegable donde se pueden reunir ella y sus amigas y hacerse la manicura o tirarse en parapente. A veces me gusta imaginar que a Sánchez Dragó se le sale la dentadura postiza mientras pronuncia una de sus frases televisivas, donde los acentos y los énfasis verbales parecen una puta verbena de pueblo. E imagino que en un Telediario conectan con la M.I.R. y encuentran al astronauta masturbándose mientras mira por la ventana, como debió hacerlo Hitler desde su Nido del Águila. Yo creo que esto es una manera de poetizar las cosas, de resolver conflictos con un mismo y con su visión personal de lo trascendente. Creo que es ese aporte ingenuo y displicente que necesita el medio y al mismo tiempo esa crítica y esa amargura que necesita uno mismo para posicionarse frente a ello. Crear una nueva realidad a partir de la incongruencia, es decir, generar una nueva idea partiendo de la degradación misma de la idea, somete a una tensión extraordinaria no sólo al sujeto del juicio, sino también al individuo que lo juzga.
La literatura, la poesía y el ensayo, vendrían a estresar la realidad para que ésta misma se decantase, tomase un rumbo fijo, un camino nuevo. Es como cuando House duplica la enfermedad del enfermo para encontrar la cura.
Se sabe que ante la inminencia de un accidente al volante, el cerebro (en esa fase en la que dicen se recuerda toda la vida) sobrepasa el instante de la colisión, establece el obstáculo antes del impacto, choca antes de chocar. Esa fracción de segundo entre la liberación mental y el encuentro con el muro, ese “estar muerto antes de estar muerto” es, efectivamente, otra vida.
Y es a esa dictadura letal a la que hay que someter la realidad para poder poetizarla, ahora que ya no hay muros, ahora que no hay márgenes de contención, ahora que los límites han desaparecido, propongo la construcción de murallas de impacto, de obstáculos contra los que reventar objetos, vidas y atmósferas, con la única pretensión de lograr arrancar nueva existencia a las cosas. Un “arrecife” contra el que estrellar las olas de lo contemporáneo, una pared lisa de crítica donde exprimir la realidad, licuarla y verterla en una copa de Gin. Consumir sin moderación.
Porque si seguimos tragando esta horizontalidad de las cosas, si dormimos en el mismo plano que vivimos, si eructamos igual que hablamos, si gritamos igual que callamos, la homogenización de nuestras conductas hará que no sepamos distinguir lo aburrido de lo abstracto, quién tiene la polla más grande o qué diferencia hay entre una mujer que huele bien y un coche de 140 caballos.
Propongo escribir dos milésimas de segundo antes del impacto. Dos milésimas para dar un giro de 180 grados. Comenzar a redactar mientras la sangre tiñe la Black & Decker, cuando el ratoncito da el último suspiro, cuando la piñata de Sánchez Dragó sobrevuela el mar de libros, en el momento en el que el semen se suspende en el aire, describir lo que puede suponer para Barbie el hacerse Madrid-Algeciras conduciendo una Roulotte sin hipódromo, sin cuatro turbinas de aire acondicionado ni un helipuerto con cuatro helicópteros Apache amablemente posados.

6 comentarios:

Myrna Minkoff dijo...

Raúl del Sebo, ¿quieres casarte conmigo?

Raúl del Sebo dijo...

Querida Myrna, sobre mi cuaderno Gran Jefe no hago otra cosa que escribir tu nombre.

Olalla dijo...

conocí ese arrecife y, mira que lo decían sus ojos, pero se me olvidó estrellar las olas. Un pena, aunque seguro que tienen vida propia y consiguen hacerlo solitas.

Un incondicional dijo...

RAÚL DEL SEBO O ENSAYAR LA MUERTE

Lo bueno de ser malo escribiendo cuentos es que uno puede ensayar infinitamente el mismo concepto. Disfruto de este privilegio, de este don, y soy capaz de escribir sobre la misma obsesión una y otra vez sabiendo que todo lo que he escrito es una bazofia y que, como dijo el Rey (otra cosa que dijo el Rey)'hay que seguir intentándolo'.
La definición de ensayar es probar una cosa antes de hacerla. Y puede que tenga usted razón, señor del Sebo, puede que escribir sea necesariamente probar la muerte antes de someterse a lo inevitable. Un sinónimo curioso de ensayar es adiestrar. Imposible no pensar en nuestro bricomaniálogo luchando contra la sierra de calar, adiestrándola y adiestrándose, intentanto, en fin, adiestrar a la muerte.
Y volviendo a lo del cuento ese que siempre escribo. Empieza de la misma forma cada vez, un hombre, vuelto del revés y suspendido en el aire gracias al cinturón de seguridad, avanza entre chispas y diminutos diamantes de Duralex hacia un camión que conduce en sentido contrario. El hombre no grita, el hombre no sufre, con un ojo tapado por la corbata, el hombre ya está viviendo su muerte. El impacto que necesariamente ha de ocurrir. El impacto necesario.
El señor del Sebo ensaya a diario, ensaya noche y día como una suerte extraña de Mamba Negra sometida a la disciplina de Pei Mei. ¿Para qué? Yo diría que la mejor respuesta a esta pregunta es que lo hace para que realmente nos lo preguntemos. Para que nademos entre corales y nos demos cuenta de que, en el fondo, la geometría ha sido la mayor estafa de la Historia.

Myrna Minkoff dijo...

También quiero casarme con Un Incondicional. Dios mío. Estoy muy matrimonial últimamente. Será esto de no tener tiempo para adiestrar mambas negras.

santos dijo...

Estoy considerando formalmente la posibilidad de comprarme una bufanda (blanca, para más señas) y no sé si sentirme culpable.

¿Debería?