jueves, 6 de noviembre de 2008

CRONICA DE UNA SUERTE ANUNCIADA o LAS NARAJAS MECÁNICAS


ANTES DE LEER: Consideraciones y aviso:


Amigas y amigos: para todo aquel, para toda aquella, la crónica de un día inolvidable que olvidé tras la borrachera de vino de Toro de anoche. Los contenidos de este email son pura realidad que supera la ficción y, por lo tanto, como algo más allá de la ficción y con intención de distracción deben entenderse y no entenderse para mayor degustación. Poeta que es uno. 
Este relato no está recomendado para: menores de 18 años, personas con cardiopatías, mujeres premenstruales y hombres que no sepan reírse de mí, de ellos mismos y de otras personas más irrisorias. Las faltas de ortografía, de puntuación y la ausencia de coherencia serán imperativos en todo el texto y queda rigurosamente prohibida su reproducción asistida. Los personajes (vivos y muertos) de esta narración son invención del autor. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Buen día.

BREVE BIOGRAFÍA DEL PROTAGONISTA (en adelante X):

Nació en Malta. Murió poco después de escribir estas palabras.


Capitulo I (que te puedes saltar y te enteras igual)

Madrid, capital de Espanya, 23 de abril de 2007: Día del libro (de Sant Jordi!) Día de la entrega del premio Cervantes y día en que amanecieron, juntos pero no revueltos, un joven escritor argentino y su efebo obeso, X. Con su virilidad y su orgullo intactos, los dos hombres procedieron a vestirse con sus respectivos trajes para estar presentables para los eventos que la vida les deparaba aquella mañana, a saberse: que el argentino debía acudir a una reunión con una deliciosa petisa de Orange en un lugar de pozuelo cuyo nombre no quiero recordar y cuya ubicación -más tarde- no pudimos precisar; que X, debía vestirse de Jaime Siles y colarse en el evento más yeah del caduco panorama literario decimonónico: la entrega del premio Cervantes, otorgado merecidamente a un emocionado -pero algo confundido- Antonio Gamoneda.
Se ducharon. Se afeitaron. Se piropearon. Bebieron lo que posiblemente es el segundo mejor zumo de naranja del mundo -según un anuncio vil y mentiroso- y salieron a la calle a intentar distinguir qué silueta de coche recubierto de mierda de paloma madrileña podría corresponder con el famoso seat ibiza rojo. Aprovecho esta ocasión para comentar brevemente las propiedades de la mierda de paloma madrileña, que demuestra unos poderes de aferración y rápida fosilización que Gallardón podría aprovechar para ahorrar argamasa en sus trabajos faraónicos, obteniendo unos resultados mucho más duraderos.
En el coche el también famoso cable mono de X espetaba a Silvio Rodríguez por un solo altavoz de forma que la canción 'Mariposas' resultó más surreal todavía. Empezaba su pequeño road trip.

Capitulo II (que también te puedes saltar, pero menos)


Mientras el joven ejecutivo agresivo y el colesteróico poeta discutían animadamente sobre el sentido profundo de las rotondas y se producía una entretenida dialéctica sobre la orientación en general y el no tenés ni idea de donde vas en particular, el Destino, la Providencia y unos jardineros de pozuelo lograron indicarles el camino hacia el deslumbrante edificio Orange que, aprovecho para decir, no es naranja.

Capitulo III (en que X se pierde y todo casi se va a la mierda)


Tras abandonar a el argentino y sus planes de expansión económica, el émulo de la llama, como en su día le llamara cierto escritor famoso -forma poética de decir que sos un gordo  al que le quedan dos días de belleza juvenil- se encaminó hacia Alcalá sin GPS, con un mapa que no miró -porque él es así- y con una idea injustificada de que Alcalá estaba pallá y al·lao. En este punto el talento del autor se ve notablemnte superado por las circunstancias, y me siento incapaz de expresar con palabras y de forma fehaciente la gilipollesca actitud del conductor, que básicamente fue cogiendo un desvío y otro, anestesiado por una fuerza mayor, y que despertó en la Gran Via, en pleno atasco, a veinte minutos de que empezara el acto.
Ni el once ocho ochenta y chocho, ni el tidós, ni nada: ninguno fue capaz de guiar a nuestro héroe por ningún lado y finalmente fue un taxista madrileño, con palillo en boca y brazo en ventanilla incluidos, que le gritó algo sobre la A-2, sobre dirección aeropuerto, sobre girar ahora a la izquierda después del cartel ING cuenta naranja y sobre la puta madre del de enfrente y sobre que vaaaaaaaaaaaaaaaamos hombre (con golpecito en el volante incluidos).

Capitulo IV (en que X finalmente llega a Alcalá, perseguido por la guardia civil y, tras aparcar, la caga de nuevo)


X jamás llegó a ningún sitio donde fuera imprescindible estar a una hora determinada con más de cinco minutos de margen. Y esta ocasión no podía ser distinta. En cierto sentido tiene mérito, porque, haga lo que haga, escoja el camino, modo de transporte, horario, que escoja, consigue que le sobren cinco -cuatro- minutos. Suficientes. Y un margen le permite, en cualquier caso, a X decidir que es mejor no llevar la Invitación al Acto, 'no fuera siendo de que' los demás no llevaran la invitación en la mano -es demasiado grande para esconderlo en el traje- y él fuera el único pardillo que inocentemente llevara la prueba de su novatez. No, se dijo, no seré yo el tonto... habrá, lógicamente una lista. Un margen le permite a X, traje azul, corbata naranja, caminar tranquilamente hacia el paraninfo -preguntándole en plan 'casual wear' a las señoritas ¿para el paraninfo por favor? ¿para el Cervantes por favor? no no oho oho.. me refiero al Premio. Y ese tipo de cosas que la gente hace -que él hace-. Un margen le permite a X llegar a los accesos de la plaza, comprender que entre el marasmo de gente no podrá pasar, que le quedan dos minutos para entrar, que todo son viejas casposas y enlacadas diciendo 'Han salido ya?'! Con una inusitada sed de monarquía. Un margen le permite acercarse al primer policía robocop que hay, sabiendo de antemano la respuesta, diciendo algo así como estoy invitado y después algo así como, lo tengo en el coche y después algo así como sí, vale lo comprendo, pues voy corriendo a buscarlo. X corriendo en dirección al coche, su lamentable estado físico haciendo mella, las señoritas interrogantes observando el baile macabro de sus carnes embuticos en una camisa que empieza a parecerse a la de camacho. Nada 'casual'.

Capitulo V (en que X discute con la policía y es fusilado)


X y su colesterol acuden exhaustos y atacados al primer puesto de control. De fondo suena el himno de España y avanzan unos soldados. Mierda mierda mierda mierda. Por aquí ya no puede pasar. Pruebe en la otra calle. X corre, pensando que ese 'ya' estaba cargado de sorna. La siguiente calle presenta a varios rinocerontes de Borneo -desde luego mucho más que cincuenta- que no están dispuestos a dejar que nadie pase porque quieren verlo todo todo todo. Todo falla. Mierda, no puede ser. La comitiva avanza. Será imposible entrar después de Junca y la Sofi, si ellos pasan, nuestro joven que morirá joven no podrá entrar. Tercer intento. Venga, por aquí chaval. X entra, casi es fusilado in situ al pasar corriendo por al lado del detector de metales sin prestarle mayor atención. X, joven autor con el mecherito cercenado por las viscisitudes del cruel mundo, irrumpe en el paraninfo donde todos ya están sentados, done todos miran hacia la puerta, donde todos comprenden casi inmediatamente que él no es el Rey de España, que igual es una reinona pero que tampoco es la Reina. Silencio (Silencio/ eterno y mudo como el recuerdo/ del amor que tú me diste /Silencio, / tan grande tan vacío y tan muerto... ). Alguien tose. Alguien gime cuando X le pisa, buscando un sitio. Suda como un profesor de universidad en Virginia. Desastre. Se sienta junto a Caballero Bonald, visiblemente asqueado por la visión de este yonki con una cara entre púrpura y naranja, con una respiración entre moribunda y sexual.

Capitulo VI (en que empieza el acto y A.R. intenta sabotear el discurso de su Rey)


Instantes después de la apoteósica entrada, entran, con bastante menos prisa, Juanca, la Sofi, Joselu, la de los cursillos CCC (Cultura Carmen Calvo), el protagonista del día Mr.Gamoneda y guadaespaldas, armarios empotrados y otras personas y personos.
El Rey abre la sesión y un tipo vestido de académico con ridícula boina naranja procede a enumerar unas cosas aburridísimas sobre reunidos el dia bla bla y tras la necesaria deliberación y bla bla bla y después de ese interminable rato se sube al púlpito, cual orador de Mississipi -solo que blanco, en vez de negro, y leonés en vez de sureño- Antonio Gamoneda.
Tras pronunciar un elaborado discurso sobre la pobreza y su relación con la creación, el señor Gamoneda recibe la medalla bla bla bal y el Rey mastica unas palabras. Es este el momento en que A.R. que, como buen y único fan, está viendo todo por la tele y comiendo palomitas -quién sabe si practicando el onanismo- llama por teléfono con la muy republicana intención de interrumpir al Rey (rey, según él), algo que no sucede porque X, que vive por y para su teléfono móvil, lo tiene puesto en silencio.

Capitulo VII (en que este relato pierde fuelle y César Antonio Molina se enamora de X)

X, espiga que se convirtió en autobús, ha dejado de sudar, se abanica. Recibe un sms de A.R. preguntándole si es homosexual abanicándose así -obviamente la incursión (que merece otro relato entero) dos días antes en el bar de carretera 'Casa Pepe' del trio Argentino, A.R. y Elefante debió modelar las convicciones de A.R.). De pronto... No, no puede ser. Será su imaginación... Pero... ¿No le está mirando de reojo César Antonio Molina? La ministra no calla. Habla y habla del quijote como si lo hubiera leído, igual deberían insertarle un quijote en la boca. No cesa. No cesa y... César! Está mirando. ¿Está mirando? De pronto algo estalla. Los guardaespaldas hacen el ademán guardaespaldesco de lanzarse sobre alguien, pero ha sido un foco. Algo de bombilla incandescente cae sobre Félix Grande, pero no parece importarle demasiado. Siles está horrorizado y casi se desmalla.
Este capítulo no tiene la palabra naranja, bueno, ahora sí.

Capitulo VIII (en que el relato se recupera un poco porque cambia la localización de los personajes y aparece H)


Habla X, el cachalote:

El acto termina, demostrando que Dios existe. H y yo nos vemos -parece algo sorprendido con un gesto tipo '¿Y tú qué coño haces aquí?' Mientras sonríe con una mueca de 'Ah! Te he visto!'. Salimos del edificio. Mis intentos de acercarme a H se ven frustrados por varios admiradores petulantes -igual es que estoy celoso, H es mío- así que me dedico a intentar recuperar mi aire 'causal' pero en plan 'smooth casual coctail mood' y doy varias vueltas a un arbusto muy mal podado y actúo como si me interesaran de pronto mis zapatos. Una mata de pelo fuerte pero canoso pulula al otro lado del arbusto.
Me giro de pronto y el pelo se esconde. Me quedo mirando... aparece una frente... unas cejas oscuras y pobladas... unos ojos castaños... ¡César! ¿Me estás espiando!? La cara desaparece y cuando acudo al lugar no hay ni rastro... H parece amputarse sus friki fans y me hace caso. Me planteo pasar de su amor etéreo por el amor cesáreo. Recuerdo las cejas. Opto por el brillo H. El día es radiante y Luisma le está contando la historia del cangrejo a Félix Grande . ¡Era un puto cangrejo!


Capitulo IX (en que, en un solo capitulo, pasan muchas cosas y nos preparamos para el capítulo final. Éste es el capítulo que deberías leerte si sólo has ojeado los títulos de los capítulos)


Sigue hablando el brontosaurio panzudo:

Paseo con H y con Siles, que me dice que está encantado de conocerme igual que hizo en otra ciudad hace tres meses y en Córdoba hace tres días. Félix Grande cree que soy un camarero y me dice cuándo coño pienso servirle una cerveza. De pronto a H le entra la vena divertida, cosa que no suele ocurrir en los años que no son bisiestos, y decide que le divierte mucho presentarme a gente que no es divertida pero que es importante. Descubre que le divierte mucho decir cosas como, vamos a conocer a Víctor mientras camina hacia García de la Concha que se encuentra justo en ese instante meditando sobre incluir o no incluir la palabra 'mentiendes...' (con puntos suspensivos y todo) en el DRAE. De pronto me doy la vuelta y me encuentro de cara con el Rey. 

Así, de pronto:

'Ombre, H, que alegríatantoparamícomoparalareina, encontrarte aquí!'
'Hola, este es X, es poeta y bla bla bla'
Chistes varios por parte del soberano sobre el tiempo. Aprovechando la presencia del rey, el guei, se acerca para intentar hablar conmigo. Pero H, ahora pletórico, decide que quiere presentarme a Joselu, el presidente de este complicado país, y corre entre premios nacionales y letras de la Academia como una ratita calvita, empujando a Félix Grande (que está persiguiendo la camarera más gordita y rubia) y evitando -algo que parecía imposible- chocar con Jaime Siles (que está diciéndole a alguien que está encantado de conocerle y que le gustó mucho su libro).
Llegamos ante ZP, el hombre que está destrozando España, el hombre que ha velado por los homosexuales, las mujeres y otras criaturas que no figuran en la Biblia, el hombre que conspiró y que robó las elecciones. Decido enamorarme allí mismo. Arrastrado por H, echo la vista hacia atrás un instante y una mata de pelo canoso desaparece detrás de la silla de ruedas de Carmen Balcells. Sospecho.
El presidente resulta ser un tipo que sale mucho por la tele, aunque yo pensaba que el presidente era otro, que siempre sale por la tele con un diputado que tiene que decidir qué caja quiere que abrir. Estoy confundido. El verdadero presidente, por lo visto, también.
H resulta ser un personaje mucho más conocido de lo que me hubiera imaginado, será que tiene cara de simpático. Se abrazan, se besan casi sin lengua y H me presenta como un poeta que bla bla bla. ZP me presenta a Sonsoles y hace un chiste sobre H diciéndome (y como si fuera un secreto) que 'H es un poeta mayor... pero mayor, mayor, eh? je je je (risita algo ridícula que debe amenizar, sin duda, los cafés de la oposición) (siempre y cuando consideremos que la oposición tome café, claro).
Después aparecieron dos personajes, un poeta surfero y otro que quisiera serlo. Sus nombres morirán conmigo, porque no los recuerdo. Apareció un respetable señor muy mayor -pero no 'mayor' como H, je je je -risa zapateresca- y acabó repentinamente con la racha de divertimento de H al comentar algo como 'no, si ya sé que a ti también de pierden las mujeres' o algo parecido que incomodó mucho al maestro y terminó con las ganas de cachondeo del poeta hasta el año 2012, por lo menos.

Capitulo último (en que todo llega a un fin y no sabemos ha merecido la pena llegar hasta aquí)


Fuerzas oscuras y laborales me obligan a resumir: marché de Alcalá con Copiloto: mi querido H y César Antonio Molina nos persiguió como en la escena de Termiantor II. H me contó varias y jugosas cosas sobre el mundo de los premios, de los poetas y de otros asuntos que no comentaré aquí porque, de hacerlo, correría el riesto de escribir un relato realmente interesante.


THE END?

4 comentarios:

Stanley D. Convey dijo...

plas plas (plas) que viene siendo un aplauso aplauso aplauso. O un señor aplauso, vaya.

Stanley D. Convey dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Myrna Minkoff dijo...

guau
(!!)

jose rasero b. dijo...

¿Podrías volver a empezar?, ¿o volver a terminar?, ¿0 simplemente volver?